ROOMART/ 2015: MIGRACIONES-VISUALES

Reflexions a manera de pròleg: La visualitat migrant i les seues possibilitats.

Hace tan sólo unos lustros, el tema de las migraciones nos parecía una cuestión más bien histórica que actual, en sus consabidas intermitencias. Y eso que todos --más o menos-- llevábamos a nuestras espaldas alguna que otra mochila migratoria –heredada--, en la que rastrear determinados recuerdos narrados y ciertas experiencias transferidas. Incluso, con la llegada del enigmático nuevo siglo, algunos sociólogos agoreros nos hablaban de la “amenaza” (sic) de las migraciones del sur, como manecillas ineludibles del reloj de los tiempos futuros, que profetizaban ya próximos, con sus enigmas. Nos movíamos en medio de una sociedad mayoritariamente autocomplaciente e integrada de pleno, en el progreso material y tecnológico. Una sociedad, caracterizada y asistida ante un relativo bienestar, que no podía pensar, ni mucho menos, en la inminencia de una crisis desestabilizadora. Por eso, aquellas narraciones apocalípticas, que se iban difundiendo, no sirvieron --como sabemos bien-- para prevenirnos y prepararnos ante lo que se nos avecinaba, sino más bien para reforzar, quizás por compensación, la burbuja especuladora de nuestros diferentes ensueños colectivos y ambiciones personales.

Era como asistir a la proyección catártica de una película de fin de semana. Pero siempre a sabiendas de que el incómodo lunes siguiente, a pesar de su reiterada pesadez existencial, nos aseguraba siempre trabajos y salarios, sobres y gratificaciones, paisajes de relativa seguridad y un margen de decisiones controladas, dentro de un sistema narcotizante generalizado, que astutamente se hacía apreciar y defender, más por hábitos egoístas que por convicciones reflexivas. Y así seguían zigzagüeando los meses y los años, con las rutas marcadas, a ritmo de retazos de un bienestar repartido, sólo –realmente-- de puertas a dentro. La cultura de la acumulación se había transformado en estándar popularizado.

En tal marco vital, relativamente asegurada la estabilidad, –insistimos-- los perfiles migratorios eran, sobre todo, tema de fronteras, que se sabían, además, seguras. Y, sólo tras aquellas apuestas sociológicas iniciales, podían venir luego los anticipadores compromisos de carácter artístico, sensibilizados quizás por un pretérito --hecho historia-- y por un futuro, aún gestante, en fase narrativa. De ahí que, en tales contextos, las disquisiciones posibles acerca de las “migraciones visuales” sólo pudiesen tener cabida asegurada en el marco de las sofisticadas relaciones entre la iconología y la iconografía. Dicho de otro modo, se trataba estrictamente del sistema de las imágenes, entendido como universo icónico, como potente lenguaje plástico con sus numerosos intercambios e intradependencias propias de la historia del arte. Pero faltaba, a fin de cuentas, dar el salto de la historia artística a la realidad creativa.

Ciertamente, balanceándonos, de nuevo, hacia atrás, con ira sobrevenida incluida --por supuesto-- podemos constatar que las cosas han cambiado y mucho, en su desarrollo. Así, al hacer balance, nos hemos despertado de pronto, no porque un reloj madrugador nos haya avisado de la presencia de determinados cambios, sino porque nos hemos caído de la cama confortable de la ceguera cotidiana y aprendido, por experiencia, que el ayer no era sólo verdad contrastada sino también forzada apariencia preconcebida y que el hoy y sus entresijos críticos es asimismo fruto de la representación calculada –por otros, como siempre--, en cuyo eje central ya no estamos instalados. De hecho, aquel etnocentrismo que se nos había vendido y reiterado, a lo largo de la historia, era artificial e inventado y, sobre todo, porque han aparecido otros centros de poder decisorio, que ya no sólo especulan en la esfera de las finanzas y en la de las ideologías, sino también en el dominio del drástico control visual, como eficaz palanca comunicativa, entre la seducción estratégica y la conminación determinante.

Es en tal marco descriptivo cuando nos hemos dado perfecta cuenta de que la crucial palabra “inmigración” recorre muchos caminos y se encarna en diferentes pliegues lingüísticos, desde la llegada de las personas en pateras, al descubrimiento de las imágenes encapsuladas y/o los idiomas aprendidos a golpe de pragmatismo cotidiano y sobrevivencia. Por ello se han arracimado además, en su entorno, otros conceptos próximos y básicos como puedan serlo: identidad, integración, diferencia, asentamiento, otreidad, gheto, resistencia, marginalidad, al margen de numerosos compañeros lingüísticos asociados, propios de este viaje hermenéutico, convertidos asimismo en ineludibles portaestandartes del momento.

No obstante, en esa amplia zona redescubierta de la visualidad migrante --que nos ocupa, seduce y retiene, en paralelo, a las otras exigencias humanas sobrevenidas, en la actualidad crítica-- también nos hemos topado con un amplio repertorio de términos, ya totalmente actuales, en su implantación efectiva, primero en los márgenes y luego en el centro mismo de la investigación estética contemporánea, como son efectivamente: la cita, la referencia, la relectura, la copia, la contaminación, el homenaje, la extrapolación, la síntesis o la reinterpretación.

Ese vocabulario especializado, que hemos hecho completamente nuestro, cruza precisamente --en su uso-- esas áreas intertextuales, entre las palabras y las imágenes, entre la sonoridad y las formas plásticas, entre los gestos expresivos y los silencios del dolor, el aislamiento y la soledad. Sobre todo ello, la investigación contemporánea --que emerge prepotente del ejercicio de las artes-- planea, se posa y se sabe sagazmente comprometida, por sentirse migrante de una exigente y nueva visualidad, que compartimos, por la que se apuesta con rotundidad y soltura escenográficas.

En realidad, podemos migrar visualmente, incluso, sin movernos de nuestros estudios y talleres, ya que las corrientes cruzadas de las plurales migraciones ejercitadas reutilizan arteramente el aire vivaz de las nuevas tecnologías de la comunicación, diversificando sus influencias en otros ámbitos próximos, como puedan ser los de las bellas artes. Aunque, ciertamente, es bueno y aconsejable que nos vacunemos también frente a ellas, ante sus efectivos y potenciales despotismos, ejercitando directamente el papel audaz del viajero empedernido, que experimenta en la inmediatez y aprende de la desazón ante lo desconocido, que toma nota de la dureza testimonial y del tacto hecho vivencia constatada, frente a la realidad misma.

Migraciones reales y migraciones de la mirada van, por ello, estratégicamente muy de la mano, aunque pudieran jugar, en efecto, a engañarnos con sus respectivos procedimientos. Las primeras, ante la realidad, por zafarse --en su deambular efectivo-- de la exigible reflexión y las segundas por apostar --en exceso-- a favor de la fantasía. Aunque, cada vez más, dudamos, por experiencia, si es la realidad o la imaginación la que más juega a sorprendernos, en este clima de desmesura, abuso y radicalidad que nos embarga.

De ahí que, pari pasu, aprender, por una parte, a desconfiar de lo que parece existencialmente evidente y desconfiar, por otra, de los aprendizajes del entorno sociopolítico, sean dos buenos senderos para poner a prueba y contratar el lenguaje de las imágenes, en su selección, fragmentación y composición obligadas, abiertas al quehacer experimental de la actividad individual, al refuerzo colectivo de la especialidad y a la contrastación cotidiana, directamente abierta al plano del reto creativo.

Miradas de la percepción, miradas reflexivas, miradas sensuales y miradas interpretativas, decantadas todas ellas --en sus itinerancias migrantes-- a favor de la nueva creatividad, puesta en valor como versátil letra de cambio e inversión contemporánea.

Ésta ha sido, en efecto, la llave maestra del reto propuesto directamente a los doce profesionales, invitados a la convocatoria actual de ROOMART 2014, entendida --la llamada común ejercitada-- como un paso decisivo para mostrar precisamente la capacidad personal de rastrear la diferencia, de ejercer la profundización y de postular la diáspora calculada en las búsquedas programadas y en los hallazgos respectivos, que deseamos mostrar --en abierto contraste estimativo-- en esta muestra colectiva. Una apuesta global, forjada con soportes individuales, dispuestos a potenciar sus correspondientes idiolectos, es decir sus estrategias personales de lenguaje propio, siempre a partir de las potenciales transgresiones y seguimientos revisionistas de sus particulares dominios interdisciplinares: pintura, escultura, dibujo, cerámica, grabado, ilustración, collage, diseño, instalación o performance.

Cada vez más, nos sentimos y sabemos definitivamente migrantes --estemos donde estemos--, porque intercambiamos informaciones y afectos, valores y sospechas, palabras e imágenes, en todos los rincones del camino existencial. Y cada vez --lo queramos o no-- éste seráuno de los rasgos más destacados de nuestro tiempo. Aunque unos decidan replegarse egoístamente, cada vez más --y más-- sobre sí mismos, en enconada autodefensa purista. Y otros, perplejos, sin duda, y con esfuerzo creciente opten por pactar con el destino y apostar por aquella tentación, que supone e implica sentirse, humana y generosamente, ciudadanos del mundo. En un caso, se entrega, a ultranza, la baza jugada a favor de la cultura del silencio y del distanciamiento radicalizado. En el otro, se practica la cultura del diálogo y de la convivencia, con toda la versatilidad ética exigida en tales casos.

Dos metáforas, pues, que hemos querido poner decididamente sobre la mesa, a sabiendas de que son mucho más que eso, en el dominio de la realidad efectiva. Apostando por la migración visual, abiertamente, damos un paso más, de forma compartida. Por eso queremos agradecer, con plena sinceridad y afecto, a cuantas personas e instituciones han hecho viable y posible, una vez más, esta apuesta bienal de ROOMART y, en concreto, a sus incansables y pertinaces mecenas editoriales, junto a los convencidos miembros del Centre de Documentació d’Art Valencià Contemporani. Por otro lado, el generoso acogimiento, en los excelentes espacios de la Universitat de València, merece, sin duda, una sonrisa particular, por nuestra parte. Es cierto que nos sentimos plenamente en casa y así lo manifestamos, ampliando, por nuestra parte, la invitación a todos los interesados por la concreta apuesta --imaginaria, creativa y técnica-- llevada a cabo en esta tercera edición.



Romà de la Calle
--Catedràtic d’Estética i Teoria de l’Art de la Universitat de València---